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Un solo Camino (Spanish)

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¿Ha oido hablar de Cornelio?

Era un centurión romano apostado en Cesarea sobre el Mar Mediterráneo. Era un hombre bueno, excepcionalmente bueno cuando se lo compara con el nivel moral de su tiempo.

Lucas nos relata que Cornelio era un hombre piadoso. Eso nos habla de su devoción. Era fiel en sus responsabilidades como centurión romano. Era fiel también en sus responsabilidades para con Dios.

Porque también era temeroso de Dios. Probablemente había oído de Dios por medio de los judíos, quienes después del cautiverio en Babilonia, se habían dispersado por todo el mundo. Cornelio temía a Dios; poseía un sentido de reverencia y respeto en la presencia de Dios.

Pero temía a Dios con toda su casa. Era un jefe de familia en quien los demás veían el temor de Dios en su corazón y en su vida. Y tan impresionados estaban sus parientes y sus siervos con ese temor de Dios, que ellos también temían a Dios.

Tal vez eso se debía a que Cornelio ponia en práctica su piedad. Daba muchas limosnas al pueblo. Sí, Cornelio daba limosnas, dones de amor, al pueblo judío, a la comunidad israelita, a la obra de la iglesia, a las actividades del Reino de Cristo. No daba para evitar impuestos, o para no ser molestado por los oficiales de la iglesia o para que la gente de su tiempo viese su generosidad.

Cornelio daba muchas limosnas, muchos dones de amor. No era tacaño.

Y oraba a Dios siempre. Estas oraciones no eran simplemente suspiros que no pasaban del cielo raso. Era un sincero pedir, y buscar, y llamar—siempre a Dios.

Cornelio era ciertamente un hombre de gran virtud. Era un centurión, un hombre pí o y temeroso de Dios, con toda su casa, y que haciá muchas limosnas al pueblo, y oraba á Dios siempre (Hechos 10:2).

PERO
Aun Cornelio, con toda su virtud, sentía una gran necesidad; esa necesidad era Cristo.

¡Interesante! ¿verdad?

Que un hombre de tales virtudes, de tal noble carácter, de tan excelente fama, de tal fortaleza moral, no tuviese esperanza de salvación aparte del Señor Jesucristo.

Pero esto es lo que la Escritura enseña. Como Pedro dice en Hechos 4:12,

“Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nom- bre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos.”

Este es el mismo Pedro que fue enviado desde Joppe a Cesarea al hogar de Cornelio.

No vino a felicitarle por sus grandes virtudes; no vino a decirle que hay muchos caminos que conducen a la paz espiritual aquí en la vida terrenal y en la vida porvenir.

Pedro vino a predicar a Cristo, o como él lo resume más tarde en Los Hechos 11:14, “vino a decirle palabras por las cuales sería salvo, él y su casa.”

La suma de todo es esto:
– es bueno ser virtuoso.
– pero grandes virtudes nunca hau salvado un solo humbre.
– solamente Cristo Jesús puede hacer esto.

Pedro dijo en una parte de su breve sermón en Hechos 10:43, “que todos los que en el creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”

Cornelio creyó; también su casa.

¿Y usted?



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