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Listo ya (Spanish)

Listo ya (Spanish)

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En la ciudad de Liverpool hace muchos años, en una noche nublosa y fría, el capitán de un barco de vapor iba por la calle hacia su barco, cuando vió un muchacho hambriento y mal vestido, parado frente a un restaurante muy fino.

El capitán puso su mano suavemente sobre el hombro del muchacho y preguntó, “¿Qué haces aqui, mi querido jovencito?”

El muchacho, con una mirada lastimosa dijo, “Oh señor, nada más estaba parado aquí viendo la comida tan buena que tienen a comer allí.”

“Bueno,” dijo el capitán, “Solamente tengo treinta minutos de sobra antes de que mi barco zarpe; pero si tuvieres ropa limpia, cara limpia y tu pelo arreglado, te metería al restaurante y te daría algo de comer.”

El muchacho, con una mirada de amor y apacibilidad, y con lágrimas en sus ojos por las palabras tier nas del capitán, se peinó el cabello con la mano y dijo, “Estoy listo ya.”

A lo que el capitán respondió, “Bueno querido jovencito, Dios te bendiga; entra conmigo al restaurante y te daré algo de comer.”

Como el muchacho empezó a comer, el capitán preguntó, “¿Dónde está tu madre, hijo?”

“Mamá murió cuando yo tenía a eso de cuatro años,” él respondió.

“¿Dóndo está tu padre?”

“No he visto a mi papá desde que murió Mamá.”

“Y ¿quien te cuida?” preguntó el capitán.

El muchacho con una mirada de aceptada resignación dijo, “Cuando mi madre estaba enferma, justo antes de morir, me dijo que Jesús me iba a cuidar; ella me enseño como orar y amar a Jesús.”

El capitán con lágrimas en sus ojos dijo, “Tengo unos cuantos minutos más antes de que se vaya mi barco, y si estuvieres bien vestido y tuvieras tu cara limpia, yo te llevaría conmigo al barco… y podrías servirme.”

Él jovencito miró a la cara del captián y gritó, “Oh capitán, listo estoy ya.”

El capitán abrazó al muchacho, diciendo, “Ven conmigo querido jovencito, y serás siempre mi hijo.” “Los dos fueron de prisa al barco, y cuando estaban a bordo, el capitán presentó al muchacho a su tripulación, diciendo, “El me servirá, y su nombre es ‘Listo Ya.’ El siempre está listo, y no lo deben llamar por otro nombre, más que ‘Listo Ya.”’ El jovencito se lavó después que el buen capitán le había dado un nuevo traje azul, y empezó su agradable tarea de servir al capitán, y lo hizo muy fielmente.

El capitán aprendió a amar mucho al muchacho. Sin embargo, poco después de estar a bordo, se enfermó, y un día dijo al buen capitan, “Me siento enfermo; tengo mucho dolor en el pecho. Oh Capitán, quiero estar cerca de usted.”

El hombre de corazón noble tomó al muchacho en sus brazos, y lo apretó junto a su corazón. El pronto se durmió, y fué llevado con cuidado a su camarote.

Unos pocos días después, el doctor le dijo al capitán, “He hecho todo lo que puedo para el jovencito; está gravemente enfermo, y va a morir.”

“Oh Doctor,” clamó el capitán, “¡sálvalo! No lo puedo perder.” Pero el muchacho se puso peor. Un día él mandó a llamar al capitán a quien amaba tanto, y cuando el capitán miró a su cara, vió que la muerte estaba muy cerca.

El jovencito en una voz debil y bajita dijo, “Oh Capitán, yo sí te amo. Has sido muy bueno conmigo. Pero sé que voy a dejarte; Voy a donde están Jesús y mi madre. Puedo ver a mi querida mamá… ella me busca. Oh se mira tan dulce; y veo a los ángeles también; Les he oído cantar tan dulce. Si Capitán, yo me voy con Cristo. Oh Capitán, ¿No darás tu corazón a Jesús? Encuéntrame en el cielo, Capitán. Jesús te ama; ¿no lo dejarás que te salve y te haga cristiano?”

El capitán con profunda emoción y voz temblorosa contestó, “He estado pensando sobre ello mi querido muchacho. Prestaré atención a eso pronto.”

“Pero ¿cuando?” preguntó el muchacho otra vez. “¿Cuando estarás listo a darle tu corazón a Cristo?”

“Bueno,” dijo el capitán, “no dilato mucho más.”

“Oh Capitán, ¿no dejarás que Jesucristo te salve? ¿Cuando estarás listo?”

Con lágrimas corriendo por sus mejillas, el capitán cayó de rodillas y clamó, “Listo estoy ya… listo ya.” Y allí de rodillas con un corazón contrito y quebrantado, el capitán dió su corazon a Dios, rendido a Jesucristo.

Como media hora después, algunos de los hombres vinieron a la cabina del capitán, y lo hallaron de rodillas en oración, los brazos del jovencito alrededor de su cuello… el muchacho frío en el abrazo de la muerte; su espíritu había regresado a Dios que lo dió. El le había rogado al capitán hasta el fin, y había ganado; un pequeño y fiel trabajador para Jesus hasta el fin.

El capitán inmediatamente renunció su posición con la compañia de barcos y salió a predicar el evangelio de la gracia de Dios a los pobres pecadores perdidos, y a contar acerca del querido muchacho, que había sido el medio en las manos de Dios, de guiarlo al Bendito Salvador.

Querido lector, amablemente me permitirás hacerte esta pregunta, “¿Eres tú un cristiano?” ¿Conoces a Jesucristo como tu propio Salvador personal, en el perdón de tus pecados? Si no, te ruego que digas como dijo el capitán, “Listo estoy ya… listo ya.”

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud.” II Corintios 6:2b



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